Ninguno de sus progenitores tiene trabajo estable y ni siquiera pueden dejar solo por miedo a perder lo poco que tienen
Por: Juvenal Cortez / juvecortez@gmail.com
En condiciones precarias convive una familia compuesta por cuatro personas, incluyendo a dos chiquitos de seis y diez, bajo la estructura metálica del puente de los Anonons en Escazú, desde hace más de tres años.
Entre los pricipales temores del progenitor está el que sus pequeños resvalen y caigan al río desde una altura aproximada de 50 metros. "Le pido a Dios por mis hijos cada noche para que nunca ocurra una desgracia con mis chiquitos. Ese avismo es mi principal preocupación", confesó.
Y, las plegarias de este hombre está en el adquirir una casa propia, para alejar a sus niños del peligro que representa habitar frente a un inmenzo abismo. Además, los niños tienen el deseo de salir de ahí, y continuar sus estudios desde un lugar estable como señalan en el video que este artículo incluye.
Ninguno de los padres tienen trabajo estable y tampoco pueden dejar solo donde viven, para evitar que los amigos de lo ajeno les sustraigan sus pocas pertenencias.
Tanto él como ella (se turnan) llevan caminando a sus hijos a una escuela en Escazú, ya que no tienen el dinero para pagar el transporte estudiantil, como sí lo hacen otras familias.
La entrada económica de José Alberto, proviene de la venta de lo que produce unas matas de banano y de manzanas de agua, sembradas a la ribera del río. La compañera sentimental de este, trabaja un día por semana en un taller, en el área de limpieza. Y los niños reciben una beca o bono escolar por diez mil colones mensuales, cada uno de ellos.
Más detalles nos lo cuentan ellos en dos cortos videos que acontinuación pueden ver.
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